El Correo Digital
11 Dic 2009
Por Gloria Martín

Lida Falcón, horas antes de participar en la reunión de la UR. :: Foto de RAFAEL LAFUENTEDespués de décadas de lucha, la histórica feminista Lidia Falcón observa con preocupación la «indiferencia» de las jóvenes hacia esta causa.

-¿Qué desigualdades entre sexos persisten en el mundo laboral?

-Son las mismas que hace 200 años, con el matiz de la cantidad. Sigue habiendo una diferencia salarial del 30%. Y muchas mujeres que cobran lo mismo que los hombres por el mismo puesto de trabajo tienen mayor cualificación y están infravaloradas. Además, las mujeres se han estancado en el trabajo a tiempo parcial, que nunca permite ascensos, y en los puestos menos cualificados. Una estadística realmente preocupante dice que el 67% de las mujeres de inteligencia superior están en casa haciendo trabajos domésticos. Esta situación no va a modificarse. La sociedad capitalista y patriarcal está instalada sobre el trabajo doméstico de las mujeres. Si las mujeres no atienden a la familia la sociedad no funciona. Y el Estado no está dispuesto a hacer las inversiones enormes necesarias para sustituir el trabajo femenino.

-La crisis agudiza esos problemas.

-Claro. La crisis golpea los más débiles, y los más débiles son las mujeres. Lo que pasa es que para las mujeres la crisis empezó hace demasiados años, cuando el movimiento feminista se quedó parado. Y si está en crisis el feminismo, está en crisis la situación de las mujeres. El paro sigue siendo el doble para las mujeres que para los hombres, está cayendo la participación en el mundo laboral y se sabe que el trabajo negro es fundamentalmente femenino. Lo patético es que no hay un movimiento de respuesta. Aunque la sociedad española en general está anestesiada, de eso ya se ha encargado la política oficial. Y el movimiento feminista está dormido, o comprado, o vendido.

-¿Es posible que ahora, con la crisis, se transijan más desigualdades por miedo a perder el empleo?

-Hay que admitir algo perverso de los triunfos del feminismo: las jóvenes disfrutan de libertad sexual y sentimental y esto las ha anestesiado. No tienen la rabia que tenían sus madres o abuelas. Pero esta idea de disfrutar de todo sin límites no se corresponde con la promoción laboral y el reconocimiento social.

-¿Cómo empezar a solucionarlo?

-Lo fundamental es que haya un movimiento feminista activo y de lucha. Las que piensen que desde las instituciones y del poder se va a ir avanzando están engañadas.

-¿Qué opina de medidas como la discriminación positiva?

-Esas medidas pueden ser útiles y han sido útiles en un determinado momento. Pero que no se crean que nos las han regalado, no es una medida gratuita y generosa del Gobierno, nos ha costado la lucha de muchos años, nos hemos dejado la piel en ello. Cualquier avance ha costado muchos años de lucha. Naturalmente luego se puede pervertir, porque en cuanto tú dejas la lucha eso no se mantiene, en cuanto te quedas parada se va para atrás. En cuanto las cúpulas de los partidos, que son masculinas, vieron que tenían que aceptar un número de mujeres en puestos directivos se pusieron a pensar cómo fastidiar el sistema y lo han conseguido. Pusieron a las amantes, a las amigas, las mujeres y las fieles. Y echaron a las protestonas. Con eso han conseguido dos objetivos: que esas mujeres voten lo que ellos quieren y, como muchas de ellas no eran las más capaces, dar por demostrado que con las cuotas se meten a las más tontas. Hay un pequeño avance pero la medida se ha neutralizado.

-Entonces, ¿qué opina sobre las mujeres que hoy están en primera línea política?

-Siguen el ideario del partido político. El otro día Elena Valenciano decía que con Marruecos hay que tener una relación de amistad porque son muy importantes los asuntos que se dirimen con ese país. Maria Teresa Fernández de la Vega es el vocero del Gobierno. ¿Están reclamando las reformas, y digo reformas, no revolución, que necesitamos? Se han convertido en cómplices del poder masculino. Y todo lo demás son migajas.

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