Por Félix Población*
nuevatribuna.es
19 Dic 2010

El martes y miércoles pasados tuvo lugar un homenaje a la escritora, abogada y líder feminista Lidia Falcón. Lo había organizado un grupo de profesoras norteamericanas, con la colaboración del Instituto Internacional y el Ateneo de Madrid, coincidiendo casi con la fecha (13 de diciembre) en que Lidia cumplió 75 años.

Fueron dos jornadas muy intensas, en consonancia con la intensidad de la vida y obra de la homenajeada, a las que se prestó dedicación en todas sus actividades: como abogada, periodista, escritora, dramaturga y feminista. Autora de nueve novelas, cinco libros de memorias, quince ensayos, dos colecciones de obras teatrales y un libro de poesía, ha sido y sigue siendo como abogada y activista feminista la personalidad más carismática en la lucha por los derechos de la mujer en España, hasta el punto de que esa lucha no podría entenderse sin su nombre, tal como reconoció Cristina Almeida: Nos ha enseñado a ser mujeres, dijo.

También conviene recordar -según revela la organización del homenaje- que Falcón es una de voces más elocuentes y respetadas en la denuncia de la violencia y la injusticia contra la mujer en el ámbito internacional. Partícipe en todas las Ferias Internacionales del Libro Feminista y en los Foros Internacionales de la Mujer en Nairobi y Beijín, formó parte de la red Sisterhood is Global y ha dictado conferencias en un buen número de congresos.

Me honro con la amistad de Lidia Falcón y comparto con José María Loperena, otro de los intervinientes, que su vida y su carácter, así como la intensidad y exhaustividad que presta a todo su trabajo se deben a la triple conjunción que desempeñan en su personalidad la vocación, la creación y la creencia. Lidia se siente llamada por lo que hace, cree en sus ideas apasionadamente y concibe la vida como un impulso permanente para la creación. No hay charla con ella en que no germine un proyecto.

A quienes no hayan leído ninguno de sus libros les recomiendo La vida arrebatada, porque en la atinada y emotiva memoria de su niñez y juventud están en buena medida la fuente y razón de sus principios vitales e ideológicos. Los valores transmitidos sobre todo por su abuela y su madre, Regina Lamo y Enriqueta O’Neill, son fundamentales para entender la personalidad de quien tan merecidamente ha sido homenajeada esta semana en Madrid.

Ese homenaje, sin embargo, apenas ha tenido reflejo en los medios de información, algo que quizá sería inimaginable hace veinte años y es de todo punto deplorable hoy, al término de un año en el que la violencia machista lleva cometidos setenta asesinatos. ¿Acaso nos sobran, con ese panorama, mujeres como Lidia?

*Escritor y periodista

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